El lobby de Bellucci nunca me pareció tan imponente como aquella mañana de lunes. Las paredes de mármol pulido y las lámparas de cristal que un día me impresionaron ahora parecían testigos silenciosos de mi regreso al ambiente corporativo después de semanas de turbulencia. Sentí mis dedos apretarse automáticamente alrededor de la mano de Nate mientras caminábamos por la entrada principal, exactamente como él había prometido —juntos, tomados de la mano, por la puerta del frente.
El murmullo come