El vapor del baño todavía envolvía mi cuerpo cuando abrí la puerta del baño de la suite, envuelta apenas en una toalla blanca que olía a nuestro jabón de limón fresco. Nate estaba arrodillado al lado de la cama, su espalda musculosa tensionada mientras encajaba el último cable en el enchufe cerca de la mesa de noche. La luz del atardecer filtrada por la ventana sin cortinas doraba su piel sudada, destacando cada músculo que se movía bajo la superficie.
—Listo —él anunció, volteándose con una so