Lo primero que registré al comenzar a volver a la consciencia fue un dolor de cabeza absurdo, como si alguien estuviera martillando repetidamente dentro de mi cráneo. Luego vino el mareo: una sensación nauseabunda de que el mundo estaba girando en círculos lentos e irregulares, acompañada de unas ganas desesperadas de vomitar que se intensificaban con cada pequeño movimiento que intentaba hacer.
Intenté orientarme, parpadeando varias veces para tratar de enfocar la visión que parecía borrosa en