Bajamos para la cena ya arreglados, yo con un vestido azul marino que había traído especialmente para la ocasión y Nate impecable con una camisa formal verde oscuro que resaltaba sus ojos. El comedor estaba absolutamente deslumbrante: Elizabeth había superado todas las expectativas con la decoración navideña. La mesa estaba puesta con vajilla fina, cristales que reflejaban la luz dorada de las velas, y un arreglo central discreto pero elegante con ramas de pino, velas rojas y pequeños adornos dorados.
El sonido del piano había parado, y Richard ya estaba sentado en la cabecera de la mesa, vistiendo un blazer oscuro que lo hacía parecer aún más distinguido. Elizabeth circulaba por la sala haciendo los últimos ajustes, claramente nerviosa pero satisfecha con el resultado de sus preparativos.
Fue cuando escuchamos la puerta del frente abrirse, seguida de voces animadas y... ¿ladridos?
—Oliver llegó —dijo Nate, riendo cuando el sonido inconfundible de patas corriendo por el piso de made