El final de la tarde estaba pesado en la oficina. No era solo el clima típico de fin de jornada, sino una tensión específica relacionada con los preparativos de la fiesta de Bellucci que se acercaba. Todo mundo andaba ligeramente más tenso, como si la presión de impresionar a los socios internacionales estuviera afectando a cada empleado.
Yo estaba en mi escritorio, revisando el celular sin propósito real. Desde que había eliminado la aplicación de citas, había desarrollado el hábito irritante