El abuelo de Christian era exactamente como lo había imaginado: alto, imponente, con cabello canoso perfectamente cortado y una mirada penetrante que parecía ver a través de cualquier fachada. Giuseppe Bellucci tenía esa presencia que comandaba respeto inmediato, el tipo de hombre que no necesitaba levantar la voz para ser escuchado.
Al acercarnos a él, noté cómo varios invitados se apartaban ligeramente, como si cedieran espacio a una fuerza de la naturaleza. Estaba rodeado por un pequeño grup