Ellie abrió los ojos con pereza, no había bebido tanto, pero lo que habían servido en la fiesta de anoche había logrado una resaca digna de un vikingo. Se levantó de su sitio, aún llevaba puesto el vestido de la fiesta, lo malo era que lo había arrugado tanto que no sabía si podría volver a usarlo, pero enseguida supuso que la mujeres del estatus de Gilbert no debían usar la misma ropa dos veces. No había más remedio.
Se dirigió al baño, una habitación similar a la de su futuro esposo, no se di