Ignorando la gran alegría que sentía nuestra pareja, abajo en la sala de emergencias del lugar llegaba una mujer rubia, la cual llevaba consigo una caja de galletas caseras y miraba a todos lados dando la impresión de buscar a alguien.
- ¿Se te ofrece algo? – en eso Teresa se acercó a la rubia, notando que se miraba ansiosa y algo nerviosa.
- Ah… bueno es que yo… vengo a ver al doctor Alessandro – dijo de forma tímida.
- Él no está.
- Eh… no… y… am ¿usted sabe a qué horas vendrá?
- Hoy es su de