Les tomó unos minutos poder dejar de besarse, el deseo los quemaba y la ropa les estorbaba. Era una difícil situación para los dos, bueno, más que todo para Dereck, que estaba en su lugar de trabajo.
—No podemos... Aquí hay mucha gente —los interrumpió Alessandra, Dereck sonrió, porque ella parecía haber leído sus pensamientos.
—Quiero estar contigo, Alessa —dijo ronco—, pero esperaremos a que estemos solos.
—Hoy regresaba a Berlín. Fabrizio quiere que esté fuera unos días antes de volver a mi