—Ya hablé con los oficiales y abrieron un caso para encontrarla —comentó David.
—Oh, esa mujer se ha vuelto loca —Delia juntó ambas manos.
—Mira nada más cómo te dejó —Arrugó la frente.
Delia tenía varios rasguños en la cara que le dejarían cicatrices, y un moretón en el brazo. Le contó a su jefe que forcejeó con la mujer para quitarle al niño, ya que Mateo no dejaba de llorar porque no se quería ir.
Los padres de David llegaron en un abrir y cerrar de ojos después de ser avisados por su hi