Rafael y Alejandro ya estaban en la mansión Bridget, precisamente en la sala de reuniones, y en efecto, el único que faltaba era Oliver.
Sus amigos más cercanos, Pablo y Rubén, veían a su jefe con ese nerviosismo que los hacía sudar. No esperaban que Oliver fuera descubierto tan rápido.
Ellos juraron guardar el secreto, pero no arriesgarían sus vidas para hacerlo.
—Supongo que dos de ustedes ya saben para qué convoqué esta reunión urgente —habló el líder, sentado en la silla principal.
Era