Elsa estaba tranquilamente trabajando, cuidaba de Victoria y ya era hora de su siesta diaria.
—¡Sueño! —Estiró sus brazos, y bostezó.
La niñera la cargó, se le hizo más pesada que de costumbre, y la llevó a su camita rodeada de madera para evitar que se cayera.
—¿Quieres que te cante una canción hoy? —preguntó, arropando a la pequeña.
—E-estoy… —No terminó de hablar, cerró sus ojitos.
Victoria se había quedado dormida sin que Elsa tuviera que esforzarse, seguro estaba cansada de tanto juga