— ¿Teo? — Los ojitos del niño se abrieron como platos al escuchar la voz de su hermana llamando desde la puerta — Hola…
— ¡Lara, eres tú! — Saliendo de la cama para ir a abrazar a su hermana entre saltitos de alegría — ¡Eres, tú, eres tú!
— Mi niño, ¿Cómo has estado?
— Extrañándote, Lara… — Mirándola con los ojitos húmedos — Pero, ¿Por qué volviste tan pronto? ¿Ya se pelearon, tuvieron problemas? — Preguntó con preocupación.
— ¡No! — Soltando una risita juguetona mientras lo arrastraba de regre