Las manos de Waylon la sujetaron con firmeza mientras su boca la devoraba con ansias, dando rienda suelta a las ganas que había dejado a medias en el camarote del yate.
Lara quiso empujarlo y lanzarlo lejos de ella, pero en cuanto sus labios tomaron los suyos, su pobre empeño se redujo a cenizas. Unas cenizas producidas por el fragor de las flamas de esa boca quemante sobre la suya que amenazaba con incendiarlo todo.
Ella dejó exhalar un suspiro sin poder hacer nada para impedirlo, y él lo inte