POV: Elías
Lugar: Consultorio del Dr. Aris, San Francisco.
El silencio en esta habitación es diferente al de mi casa.
En mi casa, el silencio es algo que he provocado con los años, se ha vuelto una forma de control, nada pasa sin que lo note. Pero aquí, el silencio es una herramienta. Lo más parecido a una trampa. El Dr. Aris lo usa para obligarme a hablar, pero hoy particularmente no tengo ganas de cooperar.
Llevo diez minutos mirando el reloj de péndulo en la pared. Tic. Tac. Tic. Tac.
—No ha dormido, Elías —no es una pregunta. Aparté la vista del reloj y lo miré. Aris es un hombre mayor, con esa calma irritante de quien cree haber escuchado todos los horrores del mundo. Sentí que obtuve una victoria cuando fue él quién rompió el silencio—
—Dormí —mentí—
—Sus ojos dicen lo contrario. Y sus manos. —miré mis manos. Estaban cerradas en puños sobre mis rodillas. Las abrí lentamente, forzando la relajación.—
—Tuve un sueño —admití, porque sé que si no le doy algo, no me dejará salir de a