El aliento se le atascó a Evanora, cuando vio a Marcel parado frente a ella, con esa actitud amenazante, una que le encogió el alma hasta que estuvo de acuerdo con que se alegraba de que estuviera aquí, y no fuera un sueño.
—Marcel.
—Creí que te habías marchado.
—Te vi —ella retrocedió.
Marcel comenzó a arrinconarla, pero en un giro, ella se fue acercando sin pensarlo, ni saberlo, a una de las orillas de la cama, en la que al intentar seguir escapando de él, se dio de bruces. Marcel no pudo