Maldita sea, este deseo debería de ser prohibido. Eres un demonio de la noche y no sé cómo defenderme de ti.
Amelia
Cuando el doctor Callahan ingresa en mi habitación, aún estoy sin aliento, sintiendo como la piel me pica, mi centro palpita y mis labios mueren en ansiedad. Evito mirarlo a la cara cuando me habla, me da terror que vea en mis ojos la excitación que somete a mi cuerpo. Siento que mi cuerpo arde, y hasta podría jurar que en este momento no me importa cuál de los dos: mi prometido o