Cada latido es un segundo muerto
Sebastián
El silencio se hace pesado, los amigos de Ethan me miran de vez en vez con el rabillo del ojo y puedo leer con claridad lo que piensan de mí; que soy un estorbo, el eslabón débil de esta operación. A ellos no les importa que sea un hombre exitoso con poder económico, para ellos soy el idiota que olvidara quitarle el seguro al arma cuando llegue el momento de usarla.
Y aunque en mi fuero interior, espero no tener que usarla, si es necesario que lo haga no lo voy a dudar ni un segundo y tampoco fallaré.
—¿Por qué lo hacen? —pregunto deteniendo la mirada despectiva que Olivia me lanza.
Ella se detiene y gira la cabeza completamente hacia mí, revelando su rostro completo. Del lado izquierdo de su cara, una cicatriz blanquecina le atraviesa el pómulo y sus ojos grises, se vuelven aún más fríos y letales. Alza una de sus manos en puño y levanta un dedo, para empezar a enumerar las razones.
—Porque Ethan nos salvó el culo en una zanja en Kandahar,