El fuego purifica mi rencor
Sebastián
Observo el arma sobre la mesa como si fuera una carga demasiado pesada. He firmado cientos de contratos, he tomado decisiones importantes, ha acabado con mis competidores con solo pronunciar una palabra, sin embargo, aquí estoy, sintiendo náuseas al imaginarme usando esa arma en contra de alguien más. No soy un asesino, jamás he usado una de estas cosas, pero por Max estoy dispuesto a sacrificar mi alma.
Ethan entra en el despacho y se queda viéndome por algunos segundos. Viste ropa táctica y oscura. En una de sus manos sostiene un bolso de color negro, desvía brevemente la mirada hacia el arma antes de volver a poner sus ojos en mí. Tiene una mirada que no le conocía; una frialdad profesional que me hace sentir como un inútil y por una décima de segundo, me cuestiono mi decisión de ir con él y sus amigos.
—Todavía puedes decidir quedarte —dice y me lanza el bolso, lo reviso y encuentro ropa—. No tienes que hacer esto si no te sientes cómodo. Pued