La desesperación domina cada espacio de mi ser
Freya
Trato de mantenerme en pie, pero esta agonía me consume día con día. Físicamente, estoy mejor, pero emocionalmente me encuentro al borde del colapso. La garganta me arde, mi cuerpo me exige anestesiarlo con alcohol, pero lucho, peleo con todas mis fuerzas para no caer a pesar de que la promesa de no sentir nada me seduce.
Siento que he vivido una eternidad bajo la opresión del dolor, aunque solo han sido cinco días realmente. No hemos recibido ni una sola llamada de los secuestradores, Sebastián no tiene más información de la que consiguió hace tres días, todo parece perdido y si no trae a mi hijo de vuelta, sé que no voy a poder. No voy a tener la fuerza para seguir.
—Sabía que te iba a encontrar aquí. —La suave voz de Amelia desplaza a mis pensamientos.
La habitación de mi hijo es mi refugio emocional temporal, aquí me siento a salvo, siento que todo está bien y que en cualquier momento entrara por la puerta y me abrazara.
—En cuan