Dentro de la bodega. Madeline, con su porte altivo y mirada gélida, observaba a los hombres de Marco, que permanecían alertas.
Los pasos resonaron en la distancia, y todos giraron la vista. Antonio entró al lugar, serio y con la mandíbula tensa. A su lado, Cassandra Brenaman, que intentaba mantener la compostura, pero sus ojos delataban el miedo que sentía.
Al verla, Madeline sonrió con altivez y levantó una mano, haciendo un gesto a los hombres de Marco.
—Tráiganlos —ordenó con voz firme