Mientras tanto, en la lujosa finca.
La tarde gris se filtraba por las ventanas, creando sombras en las paredes. La habitación estaba decorada con elegancia, pero para Angelo Fiorentino, era una prisión.
Él se encontraba en el suelo, escupiendo sangre tras un golpe brutal de Marco.
Escuchó la conversación del hombre en motocicleta a través del altavoz que Marco había activado.
¡Su corazón latía desenfrenado, sumergido en la preocupación por Cassandra!
—¡¡¡NO TE ATREVAS A TOCARLA!!! —g