Angelo se echó a reír ante las palabras de su amigo, causando que la tensión disminuya.
—Cuento contigo —sonrió el señor Fiorentino.
Antonio sacó de su estuche un cigarrillo, encendiendo el mismo lo llevó a sus labios.
—Me voy. Mi esposa me va a dar una buena bofetada si me demoro todo el día —sonrió Antonio hablando de su amada Francesca—. Volveré en tres días a Miami, avísame cuando regreses.
—Que tengas buen viaje.
Antonio comenzó a irse, en ese momento, detuvo sus pasos y volvió