Su mirada se sintió tan intensa que pareció calentarle los oídos. Cubriéndolos, ella cedió:
—Está bien, entonces. ¡Seguiré adelante y los perforaré!
Ralph sonrió, complacido de escuchar su decisión.
—¡Heather, eres increíble!
Hannah permaneció en silencio mientras el asesor de ventas la conducía a un pequeño cubículo. En el interior esperaba una herramienta diseñada específicamente para perforar orejas. El proceso, en realidad, fue rápido y menos doloroso de lo que Hannah había anticip