Fue solo un pequeño gesto, pero Alexander se percató. Rápidamente pulsó el botón para levantar la mampara del coche que separaba al chofer del espacio trasero. Sin esperar el consentimiento de Lily, levantó su pie herido y lo colocó sobre su regazo. Con la luz interior encendida, pudo ver que el tobillo de Lily estaba rojo e hinchado.
Alexander frunció el ceño ante lo que vio y preguntó: “¿Cómo te puedes lesionar tan fácilmente?”.
“¿Cómo voy a saberlo?”, respondió Lily en voz baja.
Era como