Ella no discutió con él. Era una sabia decisión quedarse descansando allí, pues ya era tarde. Sin embargo, no se atrevió a cerrar sus ojos. Tenía miedo de que aquellos terribles sonidos y escenas reaparecieran si cerraba los ojos. Sostuvo la mano de Alexander para evitar que se fuera. “Quédate y habla conmigo un rato”.
“¿De qué quieres hablar?”. Él se sentó junto a la cama y la miró con ternura.
“¡Cualquier cosa está bien! ¿Um, por qué no me cuentas más cosas sobre ti?”, pidió Lily después de