Tarde por la noche, en la habitación del hotel, Melanie acababa de colgar el teléfono cuando alguien llamó a su puerta. Frunciendo el ceño, se levantó y la abrió. Frank estaba apoyado en el marco de la puerta con una botella en su mano. Curvó sus labios en una sonrisa maliciosa y la miró.
“¿Qué haces aquí?”. Melanie estaba muy impaciente y no tenía intención de dejarlo entrar. “Ya es muy tarde. Estaba a punto de irme a dormir”.
“¡Deja de fingir!”. Frank empujó la puerta con fuerza.
Melanie no