De vuelta en el hotel, Giselle, que tenía unos documentos y un bolígrafo en mano, estaba esperando a Lily como si estuviera a punto de asistir a una reunión.
Sintiéndose culpable por haber cenado sola y no haber traído nada para Giselle, Lily abrió la puerta de buena gana y la dejó pasar. “Hola, Giselle. ¿Ya cenaste? ¿Quieres que te pida algo del servicio a la habitación?”.
Compartir una comida siempre aliviaba el ambiente de una reunión. Por desgracia, Giselle rechazó la oferta de Lily. “Grac