Ralph decidió intentarlo y recordó la contraseña que había observado en la oficina de Alexander. Giró el dial con cautela, temiendo la activación de alguna trampa.
De repente, un leve clic llegó a sus oídos, indicando que la caja fuerte se había abierto. Ralph sintió una oleada de placer.
Justo antes de abrir completamente la caja fuerte, optó por utilizar el trozo de madera.
Mientras abría la caja fuerte, se escuchó un “silbido”, acompañado de una brisa fresca y dos flechas afiladas clav