CAPÍTULO 148: TRAMPA DE SANGRE
Andrew
No debería estar aquí.
La idea me golpea una y otra vez mientras camino por ese pasillo de paredes grises, con mi apellido colgando del cuello en una tarjeta de visitante. Nadie me detiene, nadie cuestiona nada. Ser un Beaumont todavía abre puertas, aunque el nombre ya no me pertenezca.
La sala de juntas está medio vacía. La reunión acaba de terminar, y los asistentes se dispersan entre murmullos y tragos tibios. No hay cámaras, ni demasiados testigos, pero