Capítulo 218.
Bennett.
Miro la cicatriz en mi mano con esa promesa que hice de cuidar cada puto día que su rastro, hasta ahora jamás ha sido encontrado alguno. Dándole paso libre a mi alma. Ese encuentro en donde al fin pude decir que carajos siento por ella.
Siempre prendido de esa belleza impoluta que posee, radiante y difícil de no ver.
—¿Sigues ahí? —me devuelve al día en que decidí que lejos no la quería jamás, firmando ese documento que la convierte en lo que ahora es. Ella en Londres, yo en Francia.