Capítulo 155.
Bennett.
—Estaba merodeando los alrededores y...
—Largo, me encargo de él. Si alguien lo puede matar soy yo. Nadie más que yo puede dañarlo. —ordena con ese porte de jefa que domina a la perfección y que me acelera el corazón solo de verla. —Largo, esto no es necesario que lo sepa nadie ¿queda claro? —su disposición es acatada rápidamente. Dan un asentimiento y salen sin hacer ruido. —¿Nos decimos hola de nuevo, cariño?
—¿Dañarme a mí? Puedo hacerlo contigo, serpiente. —camino hasta su puesto,