La cabeza de victoria era un cúmulo de pensamientos, “quiero correr, huir lejos de ti, pero tu mirada me invade y a cambio quiero abrazarte, besarte y nunca dejarte ir” tardó unos segundos en despabilarse y su boca por fin pudo articular palabras.
— ¡Adrián! ...tú...tú qué haces aquí.
— Vine a buscarte ¿podemos hablar en otro lado?
— Supongo que sí, vamos al café de al lado. Antes de salir Victoria le dice algo al encargado de la librería sin que Adrián escuche.
El silencio reinó por unos minut