Llegamos al final del pasillo y veo la puerta que tanto esperábamos encontrar, sin más la abro, pero una bala que roza mi oreja hace que la cierre con rapidez.
—No estamos solos, cinco hombres abajo con arma nueve milímetros, ¿Cómo rayos vamos a entrar? —Reece carga su arma y me sonríe.
—Como siempre lo hemos hecho, Amore Mío, luchando, de frente como los malditos hijos de puta que somos, cuando te diga vas a abrir la puerta, contaremos hasta cinco y la volverás a cerrar, ya tuvieron que dar