Xavier:
La mataré.
¡Juro por lo más sagrado y por la memoria de mi padre que mataré a esa perra inmunda!
En el ánimo violento y asesino en que estaba, no podía regresar a casa. Así que me entretuve conduciendo en círculos, por varias horas, por todo el puto Madrid.
Ya cuando era bien tarde en la noche, me digné a regresar a la mansión. Entrando por la puerta de la cocina y atacando el refrigerador.
Estaba muerto de hambre.
Todo el día y la tarde, la rabia me habían impedido comer.
¿Es que ella