Yudith:
Comprimí los labios, mirándolo.
Mi abuela tenía razón. Xavier era hermoso.
Y no solamente hermoso, sino que se veía sensual y atrayente en ese traje que de seguro costaría más que todo lo que yo me había comprado en mi miserable vida.
—¿Debo replantear la petición y convertirla en una orden, palomita? Se me está haciendo tarde.- farfulló, y yo negué.
—De acuerdo, voy contigo. Solo dame cinco minutos.
Regresé atrás, buscando en el armario repleto de ropa, sacando un vestido negro,