(Keira)
—Debes guardar silencio por favor, o nos mataran a los dos. —mentí, con la voz apagada y suave, para que no saliera ni un hilo de voz de ese pozo profundo y pestilente. Se debía guardar el secreto sin excepciones.
—¿Qué…? —preguntó el joven, con la cara más confundida y aterrada que hubiera visto en toda mi vida.
—Me tienen aquí desde hace días. —confesé, con las lágrimas en mis ojos. —Debes ayudarme a salir.
El seguía en un estado de shock terminante. No parecía reaccionar más que con