Capítulo XI. Encadenados una noche.
Narrador.
El señor Foster miró a su juguete sustituto, derribado en el suelo, totalmente ensangrentado, ni siquiera había supuesto una diversión entretenida para él, simplemente no había parado de rogar, llorar y suplicar, cuando no gritaba de dolor, mientras el empresario “jugaba” con ella.
- “No me has durado mucho, ¿de qué sirven estos juegos y el dinero que recibirá tu familia por ti, si apenas ha pasado media hora, y ya estas rota e inservible?”- le dijo mientras la veía agonizar en el sue