Apollo
Ryan y yo nos miramos en silencio.
A nuestro alrededor, todos tenían la cara paralizada por la impresión, la boca entreabierta y los ojos moviéndose de un lado a otro, como si presenciaran un desastre en cámara lenta. Pero Ryan era diferente. No parecía sorprendido, enojado ni ofendido. Solo me miraba, tranquilo y pensativo, como si intentara descifrar algo oculto en mi interior.
Le sostuve la mirada sin inmutarme, con la cara inexpresiva y las emociones encerradas bajo llave, como siempr