Grace
Miré a mi alrededor y no estaba mal. A diferencia del caos de antes, todo se veía bien organizado. Todos colaboraban, conversaban e incluso reían mientras cumplían con las tareas asignadas. Apenas habían pasado unos minutos desde que dividimos las labores y todo marchaba sin problemas.
Bueno, casi todo.
—¡Ah!
El grito hizo que todos voltearan.
Allí, al fondo de la estancia, Piper me fulminaba con la mirada; tenía una caja a los pies y la cara enrojecida. Si las miradas mataran, yo ya estar