Me quedé allí, sin saber qué decir o hacer, mientras la secretaria cerraba la puerta detrás de mí. Miré hacia atrás, aterrorizada de estar allí a solas con él.
Pero ahí estábamos otra vez Heitor Casanova y yo, cara a cara.
- Siéntese por favor. - Curvó la boca en una media sonrisa, de manera burlona, como cada vez que lo veía.
Me tomó un tiempo hacer lo que me pidió. Noté que miraba fijamente mi currículum en la computadora, sin decir nada, lo que me puso aún más nerviosa.
Heitor Casanova no me