Giovani sintió algo removerse en sus brazos para abrir los ojos ligeramente y ver como Isabela se había sentado en la cama con la mano sobre su rostro. Jadeaba ligeramente y por la hora que marcaba el reloj apenas había dormido una hora.
-¿No puedes dormir?- se sentó al lado de ella y pasó su mano por la espalda de la mujer que encontró tensa.
Isabela respiró profundo con los ojos cerrados. La mano de Giovani terminó sobre su nuca y apretó aligerando los nudos que estaban allí. La habitación es