Como enamorar al CEO
Como enamorar al CEO
Por: Jennifer Diaz
Prólogo

7AM y recién comenzaba a amanecer en las abarrotadas calles de New York ''MALDITO HORARIO DE VERANO'' grité en mi cabeza cuando el calor del sol me empezó a pegar en la cara de golpe, aunque esa no era una de las mortificaciones más grandes que tenía en esos momentos ni el motivo de mi molestia, estaba cabreada hasta la última molécula porque debía de estar sentada hace más de media hora en mi nueva oficina de mi maldito nuevo trabajo.

Y no es que sea una aficionada de llegar puntual en todo momento, pero ser secretaria de uno de los CEOs más importantes de toda la ciudad no me permitía ser flexible con el horario y no quiero estar de patitas en la calle en mi segunda semana, sería un récord que prefiero no romper, más cuando es la primera vez que trabajo en algo parecido a lo que me preparé toda mi vida para ejercer, pero bueno, hoy es viernes 13 y soy una jodida gata negra caminando por las calles de Europa en pleno siglo XIV, soy un imán para que las cosas malas me pasen y resulta que esa mañana ya había perdido mi bus dos veces y tuve que esperar por consiguiente media hora a que pase el tren de nuevo.

Miro el viejo reloj que me regaló mi madre en la escuela elemental que apretaba mi muñeca<

> -una hora completa de retraso- ruedo los ojos porque se que esta vez la secretaria principal no me la deja pasar de seguro y no la culpo, si yo fuera mi propia jefa, me auto despediría y ese no sería el único motivo. 

Apresuro el paso y aunque apenas lleva una hora que amanece ya estoy cansada, los pies me duelen y mi mente sigue pensando una y otra vez algo que sucedió hace dos noches que no me deja pegar el ojo, debo de parecer un mapache a causa de eso, pero no me dejo vencer de mis pensamientos y continúo la caminata en dirección a mi destino mientras limpio unas gotas de sudor que me percato bajan por la frente al sentir el aire acondicionado del edificio.

A unos pasos de mi distingo abierto el único elevador que esta funcionando en el maldito rascacielos que se supone que le pertenece a una compañía multimillonaria, que precisamente tiene que ver con estas cosas, supongo que el dicho en casa del herrero cuchillo de palo no se equivoca.

Corro como loca esperando poder entrar y ahorrarme tener que esperar nuevamente unos 5 minutos porque la opción de subir 27 pisos en escalera no me llama la atención. Por suerte lo logro, y terminé tan sofocada, que tuve que inclinarme un poco para solventar la fatiga.

Cuando recuperé algo del aliento la fría pared metálica me sonó atractiva para intentar relajarme antes de la tormenta.

El ambiente tenso dentro del ascensor me afectó sin siquiera percatarme, aunque no fue hasta después del piso 20 que miré a mis espaldas y luego de tragar lo más fuerte que pude, caí en cuenta que estaba justo delante del mismísimo CEO y mi jefe principal, que le echaba en esos momentos unas miradas bastante molestas a quien supongo que es su guardaespaldas y que estaba posicionado justo detrás de mi, casi pegado.

Mi cuerpo entero se extremeció y procuré no apartar la vista de la puerta del elevador, esperando con ansias que el letargo no se prolongara más, y claro, no por el nerviosismo de que se percatara que una de sus secretarias que prácticamente no conoce va 65 minutos tarde a su puesto, si no por el hecho de que el señor Noah Thompson está más bueno que el pan y que justamente no quiero que me vea por si existe la remota casualidad de que recuerde lo que pasó hace dos noches atrás.

Me bajé del elevador a toda prisa, él debe de pensar que soy una completa mal educada por no haberle dicho ni siquiera buenos días, pero cabía la posibilidad de que hoy al menos saliera el sol para mi y ni siquiera se hubiera dado cuenta de mi existencia.

-Llegas tarde Eva, dos días corridos- Me regaña mi supervisora y secretaria principal bajando los lentes de bibliotecaria que a veces pienso porta por gusto y regalándome cara de malos amigos. Justo igual que en las películas, -a veces mi vida parece una m*****a novela cliché - Me reprime mi subconsciente y no se equivoca.

-No volverá a pasar, lo prometo -Digo levantando mi dedo meñique en señal de promesa a lo que ella a penas hace caso.

-De eso puedes estar segura, una más y no te molestes en sentarte en esa silla. -Susurra por lo bajo mientras vuelve a sus labores pero lo suficientemente fuerte para que pueda escucharla.

Suspiro profundo, esa señora es una insufrible bruja, miro mi escritorio plagado de todas las cosas que estaban atrasadas antes de que llegara y maldigo por lo bajo, tenía trabajo extra al menos para una semana más, así que decido ponerme manos a la obra y cuando creo que puedo sumergirme en la ola de cosas por hacer, Nancy otra de las secretarias se sienta, con su típico aire seductor encima de mi escritorio.

-¿Eva?

-Mjum- Respondo sin levantar la mirada de lo que había comenzado a teclear en mi ordenador.

Sentí un extruendo en la mesa acompañado de una cortina de polvo delante de mi y tosiendo, por fin le presté atención.

-Quiero que vayas después que limpies estos archivos y se los expliques uno por uno al señor Thompson. -Me suelta con su típica voz de mosca muerta mientras regresa a su escritorio pavoneando lo poco que Dios le regaló y ella modificó con mil cirugías, las cuales se rumoran en la empresa fueron pagadas por el jefe de contabilidad. 

Estornudo y con los cachetes y ojos rojos como me imagino que estoy miro a la fila de papeles revueltos.

Tengo dos contras para no querer entrar ahí y ningún pro, el primero es porque en realidad solo yo podría dar una explicación de lo que se supone son esos archivos porque son del área financiera, pero por lo que leo en la portada voy a tenerles que dar una ojeada en lo que los limpio porque al menos el que está en la parte superior dice 2020, o sea que lleva más tiempo del que llevo yo en la empresa guardado, y en segundo y lo más importante, llevo evitando entrar al despacho del jefe desde que me uní a la empresa, ese hombre me pone tanto que no puedo evitar mirarlo como la tonta que obviamente soy, más desde que desperté sin ropas ayer en una habitación de disco barata con Él repleto de mi lápiz labial rojo a mi lado.

Llevo cerca de 30 minutos haciendo como que leo los archivos, que en realidad son una forma antigua de llevar la contabilidad y que dejó de funcionar hace tres años porque era muy fácil desviar dinero y que luego se analizó a profundidad cuando se canceló y se hizo un estudio completo, que esta anexado a cada año de los principales desfalcos que se cometieron.

El problema es que tampoco he prestado mucha atención a lo que dice porque me preocupa más el hecho de que tengo que entrar a su oficina y hablarle directamente a mi jefe.

Casi estaba decidida a no ir cuando Nancy me regala una de sus miradas de ''haz lo que te dije'' y no me queda más opción que tomar la pila de papeles que ya no tienen polvo y encaminarme el despacho del señor Thompson.

Luego de pasar por la oficina de Lenna otra de las secretarias, esa parte de la empresa me es desconocida. Siempre evito merodear por estos alrededores con tal de no verlo o creo que es mejor decir que él no me vea a mi.

Y sí, suena irracional que me haya acostado con él teniendo esta fobia social, pero las cosas en esa fiesta se me salieron de control.

Lenna me guía por la puerta que debo entrar y paso mi tarjeta por el equipo que está a un costado después que ella pidiera autorización y fuera aprobada, como bruja a la horca entro a la oficina privada más grande que tiene T&Y Company.

La luz de los ventanales es más fuerte que la que entra en mi área de trabajo que prácticamente queda a un costado de la suya, y quizás fue el reflejo que me deslumbró y no me dejó ver debajo de la pila de papeles a mis pies o lo del viernes 13 actuando nuevamente cuando tropecé con la alfombra que comenzaba a formarse debajo de mi y caí de boca dejando todos las hojas esparcidas por el suelo y mi orgullo más abajo del núcleo de la tierra.

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