Mi nuevo jefe y yo estábamos sentados cómodamente en uno de los restaurantes más caros de la ciudad donde el plato principal era Langosta, no voy a negar que el antojo que llevaba teniendo hace días se satisfajo porque estaría mintiendo, estaba repleta pero a la vez incómoda, el señor Weller me miraba de una forma que no me agradaba, a la leguas se notaba que estaba a punto de pedirme algo y la presencia del guardaespaldas acercándose con un sobre en mano me lo confirmó.
No habíamos hablado na