Colin
No supe en qué momento me había quedado dormido, ni siquiera de lo que había sucedido a mi alrededor después de que el infierno me abrazara una vez más y de una manera nada placentera. Desperté envuelto entre las sábanas de mi cama y los brazos de mi Emma. Ella se veía mucho más tranquila, pero en su rostro estaba ese rastro de dolor inscrito y que tanto me hacía doler el pecho. Sus pestañas se veían aún húmedas y sus pómulos se veían rojizos a causa de ese llanto que la venció en medio d