La tenue luz de la madrugada cubría la habitación con un resplandor suave, pintando sombras sobre la piel desnuda de Sofía. Valeria permanecía en silencio, apoyada en un codo, observándola dormir.
No debería sentirse así. No después de todo lo que había pasado. Pero ahí estaba, con el pecho apretado, sintiendo cómo algo dentro de ella se rompía poco a poco.
El roce de sus dedos sobre la mejilla de Sofía fue apenas un susurro. Su piel se sentía cálida, su respiración tranquila, como si nada en e