Era su familia, pero esta era la primera vez desde su salida que estaba viéndolos tan cerca. Entró no como Nadin Stomcling, sino como Lady C. Le dolía tanto que las lágrimas amenazaban con correr de sus ojos. Aguantó y tocó la puerta.
—¡Pase!
Al entrar, se topó frente a frente con su madre, quien ni siquiera la reconoció. ¿Cómo era eso posible? Aunque un hijo tuviera todos los cambios posibles, siempre deberían poder notar a su propia sangre.
—¿Cómo estás, señorita emperadora? Es un honor para n