Esa mujer es una diosa. Su cuerpo me enloquece. Desde que la vi vestida con ese vestido verde turquesa, mi mente quedó estática. Loco por tocarla, por sentir esa suave tela y sondear su piel debajo de ella. La miré y sentí su poder dominar mi cuerpo. Me atrevo a decir que si ella me dijera "corre", lo haría sin mirar atrás. Estaba poseído.
Entramos al restaurante y no podía quitarle los ojos de encima. Cada comentario de ese idiota de Huang Don me enfurecía. Ella quería que me controlara, que no