Mundo de ficçãoIniciar sessãoEra una mañana de fines de julio, de cielo lívido y surcado por bandas de nubes plateadas. El viento acariciaba suavemente mi cabello. Las horas pasaban con rapidez mientras recorría con Ángel los espacios de la hacienda. Ambos montábamos a caballo, él en uno negro y yo, inevitablemente en uno de color marrón. Habíamos recorrido unas ochenta y tres hectáreas, haciendo inventarios e inspeccionando. El sol brillaba sobre los campos,







