Mundo ficciónIniciar sesiónYo lloraba amargamente y se acercó a mí, consolándome como lo habría hecho mi padre.
—Quizá si te cuento algo podrías aprender de mi experiencia —dijo dulcemente y se sentó a mi lado—. No es que yo haya sido virgen ni nada parecido, pero cuando vi a Andreina por primera vez, supe que era la indicada. Yo había ido a una firma de libros de uno de mis poetas favoritos. Ella le antecedía con la presentaci&oacu







